Capítulo Tres

Fe, Amor y Esperanza Degenerados

Los tres impulsos sagrados

En seres normales de tres cerebros—según Gurdjieff, esto incluye a la mayoría de seres conscientes del universo—existen tres impulsos sagrados que funcionan como motores del desarrollo: Fe, Amor y Esperanza.

Estos no son conceptos religiosos sentimentales. Son funciones reales del ser, tan reales como la digestión o la respiración. Fe es la capacidad de percibir y confiar en lo que la razón ordinaria no puede ver. Amor es la fuerza que conecta y armoniza. Esperanza es el impulso que orienta hacia el futuro y sostiene el esfuerzo.

En los humanos, estos tres impulsos degeneraron. No desaparecieron—se corrompieron. Ashiata Shiemash, después de 120 días de meditación en el monte Veziniama, llegó a la conclusión de que era "demasiado tarde" para salvar a la humanidad a través de cualquiera de estos tres caminos tradicionales.

· · ·

Fe convertida en credulidad

La Fe genuina funciona independientemente. No depende de halagos, no requiere que la información confirme lo que uno quiere creer, no se activa porque satisfaga la vanidad.

En los humanos, la fe dejó de ser independiente. Ahora funciona solo cuando se activan las consecuencias del Kundabuffer: vanidad, amor propio, orgullo, autoconcepto inflado.

Gurdjieff lo dice sin rodeos: "Es perfectamente fácil convencer a los seres de este planeta de cualquier cosa que quieras, con tal de que durante su percepción de estas ficciones se evoque en ellos el funcionamiento de una u otra consecuencia del órgano Kundabuffer—como por ejemplo: amor propio, vanidad, orgullo, fanfarronería, imaginación, arrogancia, etcétera."

El resultado es que los humanos "creen cualquier cuento." El término técnico de Gurdjieff es "Sinkrpoosarams"—ficciones que se cristalizan como convicciones falsas porque halagaron alguna debilidad.

El mecanismo es simple: dile a alguien que es especial, que pertenece a un grupo elegido, que su opinión es valiosa, que tiene razón—y creerá lo que sea que venga adjunto. No porque sea verdad, sino porque alimenta su imagen de sí mismo.

Peor aún: una vez que la ficción se cristaliza, el creyente la defenderá con sinceridad absoluta. "Con toda sinceridad y fe, probarán vehementemente a quienes los rodean que es así y no puede ser de otra manera." La credulidad se disfraza de convicción.

Bennett observó esto directamente: "La gente puede ser llevada a creer cualquier cuento viejo y, echando espuma por la boca, se dedicará a convencer a otros de que es así y no puede ser de otra manera."

· · ·

Amor convertido en egoísmo

El Amor genuino—lo que Gurdjieff llama el "impulso sagrado del Amor verdadero"—es imparcial y no-egoísta. Es una fuerza beatífica que, según la enseñanza, permite "descansar bienaventuradamente de los labores meritorios realizados para el propósito del auto-perfeccionamiento."

En los humanos, este impulso se volvió completamente subjetivo. Si le preguntas a diez personas qué sienten cuando dicen "amor," obtendrás diez respuestas diferentes:

- Uno lo explicará en sentido sexual

- Otro en sentido de lástima

- Un tercero como deseo de sumisión

- Un cuarto como atracción hacia objetos externos

Pero ninguno podrá describir, ni remotamente, la sensación del Amor genuino. No porque mientan, sino porque nunca lo han experimentado. "No tienen el sabor."

Lo que los humanos llaman amor es siempre condicional:

- Aman a quien los halaga

- Aman a quien se parece físicamente a alguien con quien tienen "polaridad" (atracción de tipo)

- Aman a quien puede darles algo

Nunca amor imparcial. Nunca amor que no pida nada a cambio.

La tablilla de Ashiata Shiemash lo codificó así:

> Amor de consciencia evoca lo mismo en respuesta

> Amor de sentimiento evoca lo opuesto

> Amor de cuerpo depende solo de tipo y polaridad

El amor de consciencia—el único genuino—genera reciprocidad real. El amor de sentimiento, por ser reactivo y egoísta, genera lo opuesto: rechazo, agotamiento, resentimiento. El amor de cuerpo ni siquiera es amor—es química.

Salzmann lo formula con precisión quirúrgica: "La mayoría de nosotros no amamos y no somos amados. Tenemos muy poco amor en nuestros corazones, por eso mendigamos amor y lo buscamos en sustitutos."

El ego siempre quiere recibir, ser amado. Da para recibir. Ama con el "yo," no con el corazón. "En el fondo, este 'yo' siempre está en conflicto con la otra persona y se rehúsa a compartir."

· · ·

Esperanza convertida en la enfermedad del mañana

De los tres impulsos, Ashiata Shiemash determinó que "el caso de la Esperanza es peor que con los otros dos."

La Esperanza genuina—"Esperanza de consciencia"—es fuerza. Es el impulso que sostiene el esfuerzo hacia un objetivo sin paralizarlo.

En los humanos, la esperanza se convirtió en su opuesto: una enfermedad que Gurdjieff llama "mañana."

La enfermedad del mañana funciona así: el hombre comprende que tiene consecuencias indeseables en su presencia. Sabe que debe hacer ciertos esfuerzos. Incluso sabe cómo hacer esos esfuerzos. Pero no los hace. Los posterga. "Mañana." Y mañana se convierte en otro mañana.

"Posponiendo de 'mañana' a 'mañana,' aquellos seres desafortunados que por casualidad aprenden todo lo que he mencionado, son también privados de la posibilidad de alcanzar alguna vez algo real."

La enfermedad del mañana es particularmente cruel porque ataca precisamente a quienes saben. El ignorante no sufre esta enfermedad porque no sabe que necesita cambiar. Pero el que sabe, el que ha vislumbrado su situación, el que ha sentido la necesidad del trabajo—ese es el que posterga hasta que un día aparecen "la debilidad y la enfermedad, que son el lote inevitable de todas las formaciones cósmicas hacia el final de su existencia."

Y entonces es demasiado tarde. El tiempo que la Naturaleza le dio para trabajar ya pasó. Solo le quedan "anhelos ineficaces y las legítimas-enfermedades-de-la-vejez."

La ironía final: muchos humanos, hacia el final de sus vidas, cuando las consecuencias del Kundabuffer comienzan a atrofiarse por sí solas, empiezan a "ver y sentir la realidad un poco mejor." Surge en ellos "un fuerte deseo de trabajar sobre sí mismos, de trabajar como dicen, por la 'salvación de su alma.'" Pero es demasiado tarde.

· · ·

Lo que sobrevive

En medio de esta degeneración total, Ashiata Shiemash descubrió algo intacto: la Consciencia Objetiva.

Aunque Fe, Amor y Esperanza están completamente degenerados, "el factor que debería engendrar ese impulso sobre el cual se basa toda la psique de los seres de sistema de tres cerebros, y que existe bajo el nombre de Consciencia Objetiva, aún no está atrofiado en ellos, sino que permanece en sus presencias casi en su estado primordial."

Pero hay un problema: esta consciencia "ha penetrado gradualmente y se ha incrustado en esa consciencia que aquí se llama 'subconsciencia,' en consecuencia de lo cual no toma parte alguna en el funcionamiento de su consciencia ordinaria."

La consciencia verdadera existe, intacta. Pero está enterrada donde no puede participar en la vida diaria. La persona vive su "existencia despierta" (que es en realidad sueño) sin acceso a lo único que podría salvarla.

El método de Ashiata Shiemash—que veremos más adelante—fue diseñado específicamente para hacer que esta consciencia subconsciente "participara en el funcionamiento de esa consciencia bajo cuya dirección fluye su existencia diaria despierta."

Por ahora, basta saber esto: los caminos tradicionales de Fe, Amor y Esperanza ya no funcionan para los humanos. Pero existe algo más profundo que no fue corrompido. El trabajo consiste en desenterrarlo.