El Trogoautoegócrata
El problema original
En el principio—según Gurdjieff—existía solo el Sol Absoluto, donde el Creador habitaba con sus querubines y serafines. El espacio infinito estaba lleno únicamente de la sustancia primordial llamada Etherokrilno.
Pero el Creador descubrió algo alarmante: el Sol Absoluto estaba disminuyendo gradualmente de volumen. Aunque casi imperceptiblemente, el tiempo mismo—lo que Gurdjieff llama el "Heropass"—estaba erosionando la única concentración cósmica existente.
Si esto continuaba, eventualmente el Sol Absoluto—el único lugar de existencia del Creador—sería destruido.
El problema era el Heropass: el flujo del tiempo. Y el tiempo es implacable. Gurdjieff lo llama "el despiadado Heropass" porque actúa sobre todo sin excepción.
La solución: de Autoegócrata a Trogoautoegócrata
Antes de la creación del universo, el Sol Absoluto funcionaba según el principio "Autoegócrata"—es decir, se mantenía por fuerzas internas independientes, sin necesidad de nada externo.
Pero este sistema era vulnerable al tiempo. Las fuerzas internas, por poderosas que fueran, no podían resistir indefinidamente la erosión del Heropass.
La solución del Creador fue cambiar el principio de mantenimiento. En lugar de depender solo de fuerzas internas, el nuevo sistema dependería de "fuerzas venidas de fuera." Pero para que hubiera un "afuera" del cual pudieran venir fuerzas, era necesario crear el universo.
Así nació el Megalocosmos—nuestro mundo existente—con todos sus cosmos de diferentes escalas.
Y el nuevo sistema de mantenimiento fue llamado Trogoautoegócrata: el proceso cósmico común de alimentación recíproca.
Todo come todo
La palabra Trogoautoegócrata significa literalmente "Yo-me-mantengo-comiendo." Es la ley de que todo en el universo existe alimentando a algo y siendo alimentado por algo.
Gurdjieff lo formula así: "Todo en el Universo, tanto lo intencionalmente creado como lo que surgió después automáticamente, existe y se mantiene exclusivamente sobre la base del proceso cósmico común Trogoautoegócrata."
Nada existe aislado. Nada se sostiene por sí mismo. Todo es parte de un circuito de intercambio de sustancias.
Los resultados de la evolución e involución de los elementos activos, "actualizando el principio Trogoautoegócrata de existencia de todo lo que existe por medio de alimentarse recíprocamente y mantener mutuamente la existencia de cada uno, producen el proceso cósmico común llamado 'Iraniranumange'"—el intercambio cósmico de sustancias.
Gracias a este sistema, "se estableció en el universo ese equilibrio que en el tiempo presente ya no da al despiadado Heropass ninguna posibilidad de traer nada imprevisto al Sol Absoluto."
El tiempo ya no puede destruir la fuente. Porque la fuente ya no está sola—está conectada a todo lo demás en un circuito cerrado de alimentación mutua.
El Rayo de Creación
Ouspensky presenta este proceso en forma de octava descendente—el "Rayo de Creación":
- Do — El Absoluto
- Si — Todos los mundos
- La — Todos los soles (Vía Láctea)
- Sol — Nuestro Sol
- Fa — Todos los planetas
- Mi — La Tierra
- Re — La Luna
- Do — Nada (el Absoluto de nuevo)
Entre Do y Si hay un intervalo que es llenado por la voluntad del Absoluto.
Pero entre Fa (los planetas) y Mi (la Tierra) hay otro intervalo. Las influencias planetarias no pueden pasar directamente a la Tierra—necesitan un "shock adicional."
Este shock adicional es la vida orgánica.
La función de la vida orgánica
La vida orgánica en la Tierra no es un accidente ni un adorno. Es un aparato necesario para recibir y transmitir influencias planetarias, permitiendo que el Rayo de Creación continúe su desarrollo.
Ouspensky lo explica: "La vida orgánica transmite a la Tierra todas las influencias destinadas a ella y hace posible el posterior desarrollo y crecimiento de la Tierra, Mi de la octava cósmica, y luego de la Luna, Re."
Dicho de otro modo: la vida orgánica es un transformador. Recibe energías de cierta calidad y las transforma en energías de otra calidad que pueden ser absorbidas por la Tierra y la Luna.
"Al conocimiento ordinario," dice Ouspensky, "la vida orgánica es una especie de apéndice accidental que viola la integridad de un sistema mecánico. El conocimiento ordinario no la conecta con nada y no saca conclusiones del hecho de su existencia. Pero ya deberían entender que no hay nada accidental o innecesario en la naturaleza y que no puede haberlo; todo tiene una función definida; todo sirve a un propósito definido."
La Tierra y la Luna necesitan ser alimentadas
La Tierra y la Luna son seres vivos en un sentido cósmico, y como tales necesitan alimentación.
"El Sol necesita un tipo de radiaciones, los planetas otro tipo, y la Luna otro. Todo lo que sucede en la Tierra crea radiaciones de este tipo. Y muchas cosas a menudo suceden precisamente porque ciertos tipos de radiación son requeridos desde cierto lugar de la superficie terrestre."
Esta es una idea perturbadora: los eventos en la Tierra—incluyendo guerras, catástrofes, sufrimientos masivos—pueden no ser accidentales sino necesarios para producir ciertas radiaciones que el cosmos requiere.
Un filósofo kurdo llamado Atarnakh, según Gurdjieff, llegó independientemente a una conclusión similar: "En toda probabilidad existe en el Mundo alguna ley del mantenimiento recíproco de todo lo existente. Obviamente nuestras vidas sirven también para mantener algo grande o pequeño en el Mundo."
La teoría de Atarnakh afirmaba que "en ciertos períodos deben proceder infaliblemente en la Tierra tal cantidad definida de muertes como en su totalidad producirán vibraciones de un grado definido de poder."
La doble función de los seres
Los cerebros de los seres de tres cerebros tienen una doble función:
1. Sirven como "aparatos para la transformación de sustancias cósmicas correspondientes para los propósitos del proceso Trogoautoegócrata común"
2. Sirven como "los medios para los seres mediante los cuales su auto-perfeccionamiento consciente es posible"
Es decir: cumplimos una función cósmica automáticamente (transformamos sustancias para el universo), pero también tenemos la posibilidad de usar ese mismo proceso para nuestro propio desarrollo.
El problema es que los humanos "han cesado enteramente de cumplir el deber-del-ser-Partkdolg"—el trabajo consciente. En consecuencia, las cristalizaciones que surgen de la primera y tercera fuerzas sagradas "van casi enteramente solo para el servicio del proceso Trogoautoegócrata cósmico común, mientras que para el revestimiento de sus propias presencias solo hay las cristalizaciones de la segunda parte del Okidanokh Omnipresente, a saber, de la 'Santa-Negación.'"
Traducido: servimos al cosmos pero no a nosotros mismos. Alimentamos a la Luna pero no desarrollamos alma.
El destino de servir o ser servido
Hay dos formas de participar en el Trogoautoegócrata:
Inconscientemente: como máquinas que transforman sustancias para el beneficio de otros niveles cósmicos, sin obtener nada para sí mismas. Esta es la condición de la humanidad dormida.
Conscientemente: utilizando el mismo proceso de transformación para "revestir" cuerpos superiores—el cuerpo Kesdjan y el cuerpo del Alma—que pueden sobrevivir a la muerte del cuerpo planetario.
La diferencia está en el cumplimiento del Partkdolg-duty: "labores conscientes y sufrimientos intencionales."
Sin este trabajo consciente, "la mayoría de ellos permanecen con presencias consistentes solo del cuerpo planetario, y así son, para sí mismos, destruidos para siempre."
El Trogoautoegócrata no perdona ni castiga. Simplemente funciona. Todo alimenta a algo. La pregunta es si además de alimentar al cosmos, lograremos alimentar algo en nosotros que pueda sobrevivir.