Capítulo Ocho

La Vida Orgánica y Su Función Cósmica

Un aparato de transmisión

"Para el conocimiento ordinario," dice Ouspensky transmitiendo las palabras de Gurdjieff, "la vida orgánica es una especie de apéndice accidental que viola la integridad de un sistema mecánico. El conocimiento ordinario no la conecta con nada y no saca conclusiones del hecho de su existencia."

Pero ya hemos visto que nada en el universo es accidental. Todo tiene una función. Todo sirve a un propósito.

La vida orgánica existe para llenar el intervalo entre Fa (los planetas) y Mi (la Tierra) en el Rayo de Creación. Es un "aparato mecánico especial" creado para recibir y transmitir las influencias que vienen de los planetas.

Sin este aparato, las radiaciones planetarias no podrían alcanzar la Tierra—o más precisamente, la Tierra las reflejaría, no las recibiría.

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Una película sensible

Gurdjieff ofrece una imagen vívida:

"La vida orgánica representa, por así decirlo, el órgano de percepción de la tierra. La vida orgánica forma algo así como una película sensible que cubre todo el globo terrestre y capta aquellas influencias que vienen de la esfera planetaria que de otro modo no podrían alcanzar la tierra."

Esta película sensible incluye todo: vegetales, animales, humanos. Cada forma de vida capta y transmite un tipo diferente de influencia.

"Un campo meramente cubierto de hierba capta influencias planetarias de un tipo definido y las transmite a la tierra. El mismo campo con una multitud de personas captará y transmitirá otras influencias. La población de Europa capta un tipo de influencias planetarias y las transmite a la tierra. La población de África capta influencias planetarias de otro tipo."

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Órgano de percepción y de radiación

La vida orgánica no solo recibe—también emite.

"La vida orgánica es el órgano de percepción de la tierra y es al mismo tiempo un órgano de radiación. Con ayuda de la vida orgánica, cada porción de la superficie terrestre que ocupa un área dada envía a cada momento ciertos tipos de rayos en dirección al sol, los planetas y la luna."

El sol necesita un tipo de radiaciones. Los planetas necesitan otro tipo. La luna necesita otro.

"Todo lo que sucede en la tierra crea radiaciones de este tipo. Y muchas cosas a menudo suceden precisamente porque ciertos tipos de radiación son requeridos desde cierto lugar de la superficie terrestre."

Esta es una idea perturbadora que exige atención: los grandes eventos de la historia humana—guerras, revoluciones, catástrofes—pueden no ser tan "humanos" como creemos.

"Todos los grandes eventos en la vida de las masas humanas son causados por influencias planetarias. Son el resultado de la captación de influencias planetarias. La sociedad humana es una masa altamente sensible para la recepción de influencias planetarias."

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La Luna hambrienta

La vida orgánica también "sirve para alimentar a la luna y permitirle crecer y fortalecerse."

La luna, en el sistema de Gurdjieff, no es simplemente un satélite muerto. Es el extremo en crecimiento del Rayo de Creación—como el brote de una rama.

Pero la luna tiene hambre. Y su hambre aumenta.

"La luna puede estar satisfecha en un período con el alimento que le da la vida orgánica de cierta calidad, pero después llega el tiempo en que deja de estar satisfecha con este alimento, no puede crecer con él, y comienza a tener hambre. La vida orgánica debe ser capaz de satisfacer esta hambre, de otro modo no cumple su función."

Esto significa que la vida orgánica debe evolucionar—no por su propio bien, sino para satisfacer las necesidades cósmicas.

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El Askokin sagrado

Gurdjieff revela el mecanismo específico en los Relatos de Beelzebú.

Según la alegoría, cuando la Tierra sufrió una catástrofe cósmica que desprendió dos fragmentos—la Luna y otro cuerpo menor llamado Anulios, ahora olvidado—surgió un problema: estos fragmentos necesitaban ser "alimentados" para mantener su órbita armoniosa con el resto del sistema solar.

La solución fue que la Tierra enviara constantemente a sus fragmentos una sustancia específica que Gurdjieff llama "Askokin"—una especie de energía vital cósmica necesaria para el mantenimiento de los cuerpos celestes en desarrollo.

Un personaje de la alegoría, el Arcángel Looisos—uno de los seres cósmicos encargados de resolver problemas en los mundos en desarrollo—explicó el mecanismo: el Askokin existe mezclado con otras dos sustancias sagradas, "Abrustdonis" y "Helkdonis." Estas dos sustancias son precisamente las que los seres conscientes pueden usar para formar y perfeccionar sus cuerpos superiores—el cuerpo Kesdjan (el cuerpo sutil que puede existir independientemente del cuerpo físico) y el cuerpo del Alma.

Aquí está el punto crucial: para que el Askokin pueda alimentar a la Luna, primero debe ser separado de Abrustdonis y Helkdonis. Y esta separación puede ocurrir de dos maneras muy diferentes.

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Dos formas de liberar Askokin

1. Conscientemente: Cuando los seres realizan "labores conscientes y sufrimientos intencionales," transforman Abrustdonis y Helkdonis para crear sus cuerpos superiores. El Askokin se libera como subproducto de este proceso de auto-perfeccionamiento. En este caso, el ser gana algo para sí mismo mientras simultáneamente cumple su función cósmica.

2. Inconscientemente: Cuando los seres mueren sin haber desarrollado cuerpos superiores. En este caso, todo el complejo de sustancias se desintegra y el Askokin es liberado por la muerte misma. El ser no gana nada—simplemente sirve como alimento.

Según Gurdjieff, los seres de la Atlántida—una civilización anterior a la nuestra en su narrativa—entendían esto. Llamaban a su deber ser "Amarloos," que significa "Ayuda a la Luna." Habían diseñado prácticas que combinaban el auto-perfeccionamiento con el servicio cósmico, cumpliendo ambos deberes simultáneamente.

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Cuando el instinto desapareció

Pero después de que las consecuencias del Kundabuffer cristalizaron completamente, "la necesidad instintiva de labor consciente y sufrimiento intencional para poder asimilar y transmutar en sí mismos las sustancias sagradas Abrustdonis y Helkdonis y así liberar el Askokin sagrado... finalmente desapareció de la psique de vuestros favoritos."

¿Qué hizo la Gran Naturaleza?

"Entonces la Gran Naturaleza Misma se vio obligada a adaptarse para extraer esta sustancia sagrada por otros medios, uno de los cuales es precisamente ese periódico y terrorífico proceso de destrucción recíproca."

La guerra.

Cuando los humanos dejaron de liberar Askokin conscientemente, la Naturaleza encontró otra forma: la muerte masiva. Las guerras, las plagas, las catástrofes—todo esto produce las radiaciones que la Luna necesita.

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El exceso de Askokin

En un giro irónico, Gurdjieff menciona que en ciertos períodos la humanidad ha producido un exceso de Askokin—demasiadas muertes, demasiadas radiaciones.

"Esta costumbre está ahora tan extendida allí, y la destrucción de la existencia de seres de varias formas para este propósito maléfico ha alcanzado tales dimensiones, que ya hay un exceso del 'Askokin Sagrado' requerido del planeta Tierra para sus antiguas partes."

Este exceso puede crear problemas para la formación correcta de la atmósfera lunar.

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La rama que puede marchitarse

Ouspensky presenta la imagen más dramática:

Y el crecimiento de la luna depende de la vida orgánica en la tierra.

"Se sigue que el crecimiento del rayo de creación depende de la vida orgánica en la tierra. Si esta vida orgánica desaparece o muere, toda la rama se marchitará inmediatamente."

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La parte que evoluciona

Dentro de la vida orgánica hay tejidos que evolucionan y tejidos que sirven como alimento para los que evolucionan.

"La parte que evoluciona de la vida orgánica es la humanidad. La humanidad también tiene su parte que evoluciona, pero hablaremos de esto más tarde; mientras tanto tomaremos a la humanidad como un todo. Si la humanidad no evoluciona significa que la evolución de la vida orgánica se detendrá y esto a su vez causará que el crecimiento del rayo de creación se detenga."

Y si la humanidad deja de evolucionar, "se vuelve inútil desde el punto de vista de los objetivos para los cuales fue creada y como tal puede ser destruida."

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La octava lateral

Hay un detalle técnico importante: la vida orgánica no pertenece exactamente al Rayo de Creación principal. Pertenece a una "octava lateral"—una octava secundaria que comienza en el Sol.

El Sol, en cierto momento de su desarrollo, inicia una nueva octava que desciende. Esta octava pasa por los planetas y produce tres notas—La, Sol, Fa—que constituyen la vida orgánica en la tierra tal como la conocemos.

Esto significa que la vida tiene sus orígenes en el Sol, no en la Tierra. La vida "viene de arriba," contradiciendo la idea moderna de que surgió "de abajo," de la materia inerte.

Parte de la vida orgánica se mezcla con la Tierra, contribuyendo a su desarrollo. Otra parte va hacia la Luna, alimentándola. Somos intermediarios entre niveles cósmicos.

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La elección

Todo esto pone al ser humano en una posición peculiar.

Servimos una función cósmica automáticamente—queramos o no. Nuestras vidas producen radiaciones. Nuestras muertes liberan sustancias. Alimentamos a la Luna y la Tierra con nuestra existencia.

Pero hay una diferencia enorme entre servir esta función solo automáticamente y servirla también conscientemente.

En el primer caso, somos simplemente alimento cósmico. Nacemos, vivimos, morimos, y nuestras sustancias van a donde deben ir. No ganamos nada para nosotros mismos.

En el segundo caso, cumplimos la misma función cósmica mientras simultáneamente desarrollamos algo que sobrevive. Las mismas sustancias que la Naturaleza necesita para la Luna también pueden ser usadas para crear cuerpos superiores—si sabemos cómo.

Los atlantes lo sabían. Nosotros lo hemos olvidado.

Pero el conocimiento existe. Y la posibilidad permanece.